domingo, 25 de mayo de 2014

EL CÓMICO BEPPE GRILLO EN VERONA


Por Eduardo García Aguilar

El cómico euroescéptico Beppe Grillo no logró el esperado primer lugar en las elecciones europeas italianas del domingo 25 de mayo, pero quedó posicionado como el primer partido de oposición detrás del Partido Demócrata (PD) de centro-izquierda del joven Primer ministro Matteo Renzzi -que lo dobló en votos-, y muy por encima del de Berlusconi (derecha) y la Liga del Norte (extrema derecha). Reproduzco esta crónica sobre la curiosa manifestación de Grillo el domingo 18 de mayo en Verona, junto al coliseo romano de esa ciudad, en la Plaza Bra.


Muchas cosas se pueden decir de Verona, ciudad del amor donde murieron Romeo y Julieta y cuyas calles son inolvidables por la belleza de sus monumentos, vericuetos y rincones milenarios. Se puede hablar del Coliseo de tiempos del Imperio Romano o de la puerta de Claudio, joya intacta desde hace dos milenios, que nos maravilla al cruzarla bajo el sol de mayo, con el sabor del vino nocturno en la boca.
Se puede hablar de los palacios y torres construidas por notables familias del alto medievo, como los De Stella o las casas conservadas de aquellos tiempos del amor, cuando los Capuletti se enfrentaban a la familia rival y cuyos hijos se murieron de amor por un malentendido de tragedia. Se puede hablar de sus calles, de las ramas flotantes, de cercanas cumbres y lagos desde donde mana un aire puro lleno de aromas inconfundibles a naranjo y magnolio, a pino y lavanda.
Se puede hablar de los cantantes en las plazoletas y de la deliciosa culinaria que humea en las mesas de los restaurantes donde se preparan todas las variantes exquisitas de la pasta italiana. Se puede hablar del Valpoliccela o el Bandolino, vinos que desde siempre alegran el paladar y el cerebro de los habitantes y los visitantes de todo el mundo que acudimos a sus brazos para maravillarnos con el arte insuperable y su grandeza, que a veces desentona con la mediocridad gubernamental y el caos reinante desde hace tiempo.
Pero no, no vamos a hablar de todo eso, pues el azar hace que me encuentre ahora en la Plaza Bra llena de gente en espera de la llegada del gran fenómeno de la política de este país que parece una bota flotando en el mediterráneo y cuyas tierras están siempre cerca del mar o de las montañas, de la vid o de la nieve perpetua.
Beppe Grillo es ahora el hombre más famoso de Italia, y desde hace poco se ha convertido en la sorpresa nacional: un payaso inteligente que fue capaz de sacar de facto al otro gran payaso Berlusconi, el llamado Cavalieri, que tuvo presa mucho tiempo a Italia con sus artimañas, sus escándalos e irresponsabilidad neroniana.
Grillo habla ahora desde el poder electoral con todos los sepulcros blanqueados, corruptos, tramposos, delincuentes, mafiosos, de quienes se burla y a quienes fustiga con asombrosa inteligencia, como el representante de la gente honesta del pueblo, del hombre o la mujer comunes y corrientes que trabajan y luchan por sobrevivir en medio de la crisis sin mentir y sin robar a nadie.
"Se ve, se siente, Beppe Grillo está presente" parecen gritar quienes preparan el terreno para su llegada a la plaza central de Verona. Todo Italia lo sigue: los diarios, la televisión, la radio, la calle, los restaurantes, los bares, porque otra vez el payaso puede sorprender en las elecciones europeas de este 25 de mayo, cuando logre llevar decenas de diputados al Congreso Europeo que legisla en Estrasburgo. "No voten por un bufón", exclama el joven Primer ministro italiano Mateo Renzzi. Los payasos no pueden ir a representar a Italia en el Congreso europeo, agrega este brillante político recién entronizado, a quien Beppe Grillo quiere tumbar en las urnas.
El cómico genovés es el gran fenómeno electoral italiano y su fuerza ha cambiado el panorama, convirtiendo al suyo en el principal movimiento disidente y amenaza concreta para los partidos tradicionales en las elecciones locales y europeas, en las que arrastra millones de votantes alegres y seducidos por su inteligencia antisolemne.
Surgido del pueblo decepcionado de sus representantes, el Movimiento Cinco Estrellas logra llenar ampliamente las plazas de gente rebelde que goza con las inteligentes ocurrencias del humorista, el payaso, el bufón, el arlequín, inscrito en la tradición italiana, pues el propio Berlusconi y mucho tiempo antes Mussolini o Nerón escandalizaron o fueron populares gracias a su histrionismo.
Mientras en el resto de Europa la indiferencia es creciente en materia electoral, la Plaza Bra de Verona se encuentra ya repleta de gente entusiasta, que espera la llegada del héroe del one man show, un intermitente de la escena que hace apenas poco trabajaba como loco para subsistir y ahora es tan importante, que estremece y tiene a sus pies a los poderes y hasta el Papa.
Grillo es un sesentón alto, de melena canosa, ágil, versátil, elegante y bohemio y sexy como son los italianos. Va de un lado para el otro del escenario sorprendiendo a cada instante con una ocurrencia, pero ahora en Verona, la ciudad del amor donde murieron Romeo y Julieta, la bella y antigua ciudad romana, medieval y renacentista, irrumpe en el escenario ante los aplausos de personas de todas las edades, gente que no tiene nada que ver con la extrema derecha sino que en apariencia lo sigue para darle una tunda a un sistema estancado que sume en la crisis permanente a esta Italia extraordinaria, tierra alegre donde la hermosura y el buen gusto brota en cada esquina, natural, como en una permanente comedia veneciana.
Lo vimos en el escenario y todos disfrutamos de su humor durante dos horas, admirados por la pertinencia de sus sarcasmos a todos los sectores del sistema, y el talento oratorio que lo hace sabio y claro al hablar de los problemas nacionales: economía, ecología, mafia, corrupción, viejos, jóvenes, mujeres, agro, industria, política exterior.
Beppe Grillo es una fuerza inagotable de gracia. Ese Beppe, el payaso hermano al que acusan de populista o irresponsable, pero que es un hecho imparable.
Su discurso ha terminado y la Plaza Bra recobra su fiesta dominical junto al follaje ondeante, los artistas de la calle y las tabernas alegres donde corre el vino como el agua del Adige, río local que viene de Los Alpes y junto al cual se besaron hace mucho Romeo y Julieta.

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